La Iglesia Católica nos enseña que podemos ayudar a nuestros difuntos a llegar a Dios, pero únicamente a quienes se encuentran en el Purgatorio, pues quienes están en el Cielo no necesitan ayuda, y ya nada se puede hacer por un difunto que ha caído en el Infierno.
Para ayudar a nuestros difuntos, la Iglesia tiene el tesoro de la Indulgencia Plenaria. Basta que uno asista a Misa el 2 de noviembre de cada año para ganar la indulgencia total aplicada a nuestros difuntos. Debemos comulgar debidamente confesados y rezar por las intenciones del Papa. También podemos rezar el Santo Rosario ante el Santísimo Sacramento, leer la Biblia durante media hora o rezar el Vía Crucis.
Como sabemos, la Indulgencia Plenaria suprime el Purgatorio. Es decir, si la gana un moribundo, no pasa por este estado, y si la aplicamos a uno que está en el Purgatorio, sale de ahí.
El alma que está en el Purgatorio no puede ganar la indulgencia para sí, pero nosotros sí le podemos alcanzar este regalo. ¿Qué significa esto? Que podemos ayudar a que nuestro difunto salga del Purgatorio. Gracias a esta Indulgencia, se purifican, limpian y desaparecen las “cicatrices” para entrar presentables en el Cielo.
El preocuparse de las almas del Purgatorio es algo muy importante por su sentido de caridad. Cabe señalar que podemos ganar la Indulgencia para un ser querido o dejarla en manos de Dios y de la Virgen para que la apliquen a las almas más necesitadas del Purgatorio.
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