Existe una enorme diferencia entre eutanasia y muerte digna. Aunque ambos términos están relacionados con el final de la vida. Pero se nos ha informado conceptos confusos sobre este tema.
La eutanasia es un acto, que de despenalizarse, cambiará a la sociedad. Por ello genera debates intensos en la sociedad, en la ética médica, y en el ámbito legal. En entrevista exclusiva con Desde la fe, la doctora Martha Tarasco Michel, Médico foniatra, investigadora y profesora, de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac, responde a algunas preguntas relacionadas con la eutanasia y la muerte digna.
La eutanasia se define como el acto médico que pretende quitar la vida a un paciente que esté en el final de su vida, independientemente de su edad, debido a que por una enfermedad o padecimiento sufre mucho, y este acto es solicitado por el paciente o su familia directa. Hay 2 formas de realizar la eutanasia:
La muerte digna acontece con la ayuda de los cuidados paliativos. Se inicia ante todo, con la supresión del dolor, para lo cual existen diversos fármacos que se usan a dosis- respuesta, y que se administran con potencia creciente. Abarcan desde terapia física, bloqueo anestésico, analgésicos diversos, hasta que el paciente requiera opioides con microdosis que se hará creciente.
La muerte digna se realiza de manera muy sistemática con los cuidados paliativos. Esto quiere decir que quitar el dolor a través de diferentes procedimientos, como puede ser la terapia física, bloqueo (como anestesia) hasta empezar a dar opioides en dosis respuesta, que es cuando se aplican micro dosis porque el paciente se acostumbra al medicamento, así que se va aumentando la cantidad que se prescribe.
La eutanasia implica la acción directa de proporcionar deliberadamente la muerte a una persona con el objetivo de aliviar su sufrimiento, mientras que la muerte digna es permitir que una persona muera naturalmente sin acelerar intencionalmente el proceso, proporcionando cuidados paliativos y tratamientos médicos adecuados para aliviar el sufrimiento al final de la vida.
La eutanasia asistida implica la intervención de un profesional de la salud, para administrar una sustancia letal, o retirar una medida de soporte vital, con el propósito de causar la muerte de una persona.
La eutanasia y la voluntad anticipada (también conocida como testamento vital o declaración anticipada de voluntades) son conceptos diferentes. La voluntad anticipada está regulada en México y es válida siempre y cuando no se solicite la eutanasia, pero hay que tomar en cuenta lo siguiente:
La sedación terapéutica o sedación paliativa es una práctica médica que implica la administración controlada de medicamentos sedantes en un paciente. El objetivo principal de la sedación terapéutica es aliviar el dolor y mejorar el bienestar del paciente.
La sedación paliativa no es eutanasia y está permitida por la Iglesia Católica porque nadie debe de morir por un dolor tan intolerable que le haga perder la razón. Existen ciertos requisitos, estos son:
En México la eutanasia no es legal, es decir no se puede realizar en el país. Está tipificada como homicidio y si un médico la realiza es aún más grave, porque va en contra de su deber profesional.
En algunos estados de México, como la Ciudad de México, se han introducido legislaciones específicas para permitir ciertas formas de muerte asistida, como el testamento vital y la suspensión de tratamientos médicos en casos específicos.
La eutanasia, como se mencionó antes, se puede realizar por comisión u omisión, en cualquiera de los dos casos implica un gran sufrimiento para los pacientes.
En ninguno de estos casos es una “muerte dulce”, porque en los dos tipos sufre el paciente.
Los argumentos más fuertes a favor de la eutanasia son que es la voluntad del paciente, que él es dueño de su vida y no se tiene por que negar esa decisión que es su derecho fundamental.
Esta es su explicación:
Los argumentos en contra de la eutanasia desde el punto de vista de la razón son:
Cuando se propuso la eutanasia en el SXX, se pensó en pacientes que lo solicitaran, por dolor incontrolable, y que estuvieran en estado terminal. Hoy en día ni siquiera hace falta estar enfermo, ni mucho menos en estado terminal. Y ya no hay dolores “refractarios”.
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